En SERACIS vivimos la disciplina de compartir los modelos mentales

Los miembros del equipo SERACIS adquieren la disciplina de pensar y ser concientes de que pertenecen a un sistema.

Las personas tienen diferentes opiniones y diferentes formas de ver las cosas. Por ejemplo, cada uno cree tener la mejor idea acerca de cómo hacer una determinada labor.

Es lo que se llaman las “creencias”. Opiniones muy arraigadas que se forman a través del tiempo, por lo que la persona ha leído, ha escuchado, ha visto, ha vivido, ha estudiado, ha aprendido. Opiniones que cada uno forma a través de creerle a los que considera expertos en una materia. Y las forma también a través de experiencias agradables y desagradables. 

Esas diferentes formas de pensar, esas creencias de cada uno, es lo que se llama el “modelo mental” de esa persona.

Los modelos mentales pueden ser simples generalizacio­nes, como “las personas son indignas de confianza”, o teorías complejas, tales como los supuestos acerca de por qué los miembros de la familia se conducen de tal manera. 

Los modelos mentales son activos, pues moldean los actos de esa persona. Si ella  cree que las personas son indignas de confianza, no actúa como si hubiéra creído lo contrario.

Los modelos son construcciones mentales. La persona , mentalmente, construye un “modelo” de cómo deben ser o deben hacerse las cosas, las actividades, los comportamientos.  y luego se comporta de acuerdo a ese modelo. En la mayoría de las ocasiones, la persona misma no es consciente de que está siguiendo un modelo. Lo hace en forma inconsciente.

Los “modelos mentales” no sólo deter­minan el modo de interpretar el mundo, sino el modo de ac­tuar de cada uno.  Las personas  se comportan en congruencia con sus modelos mentales.

Los “modelos mentales” son paralizantes. No dejan que la persona “cambie” Mientras la persona no exprese sus modelos mentales y los rete, y los someta a consideración, dificilmente logra cambiar.

¿Por qué los modelos mentales son tan poderosos para afectar lo que la persona  hace? En parte porque afectan lo que la persona  ve. Dos personas con diferentes modelos mentales pueden observar el mismo acontecimiento y describirlo de manera distinta porque han observado detalles distintos.

El problema de los modelos mentales no radica en que sean atinados o erróneos. Por definición, todos los modelos son simplificaciones. El problema surge cuando los modelos mentales son tácitos, cuando existen por debajo del nivel de la conciencia. Cuando la persona obra inconcientemente y no toma conciencia de que su modelo mental lo tiene aprisionado.

La incapacidad para apreciar los modelos mentales conspira contra los esfuerzos para alentar el pensamiento sistémico, el aprendizaje en equipo, el dominio personal y la visión compartida.

Modelos mentales profundamente arraigados y no expresados, inconcientes, pueden frenar el aprendizaje. La persona no quiere ver algo nuevo porque su modelo mental lo tiene aprisionado. 

La disciplina de los modelos mentales consiste en que, en una situación de trabajo, donde surge una discrepancia entre la forma en que se pide actuar y la forma en que el colaborador “cree” que se debe actuar, el colaborador exprese verbalmente y sustente, por qué considera que se debe hacer de la forma en la que él cree que se debe hacer. 

Es decir, la disciplina de los modelos mentales consiste en hacerse y hacerle a la otra persona, la pregunta ¿por qué crees eso? .

Se llama la técnica de los cinco por qués. Se debe preguntar (y preguntarse) ¿por qué cree ésto? y a la razón que expone volver a preguntar y por qué cree que esa razón es suficiente y así sucesivamente hasta llegar bien al fondo de la raíz de la creencia.

En la mayoría de las ocasiones las personas se sorprenden porque no saben con certeza por qué es que creen en algo que están defendiendo tan vehementemente. 

La disciplina de los modelos mentales obliga a que cada colaborador entienda que los otros tienen diferentes puntos de vista y a escuchar esos puntos de vista con atención.

Un colaborador que tiene esa disciplina, tiene el hábito de preguntarse y exponer cuáles son las razones por las que cree que su punto de vista es válido.